La Conquista de Guatemala y El Salvador (1524–1530): Un Proceso Complejo y Transformador
Un mundo en tensión: el mosaico que precedió a la tormenta
En los albores de 1524, el territorio que hoy conocemos como Guatemala era un espacio caracterizado por una extraordinaria vitalidad, complejidad y profundas divisiones. Lejos de existir una unidad política, el área estaba conformada por una multitud de reinos mayas, algunos extensos y poderosos, otros pequeños y discretos, entretejidos por alianzas frágiles, antiguas rivalidades y guerras que, en muchos casos, se desarrollaban como rituales.
En este contexto, la enemistad entre los k’iche’ y los kaqchikeles se erigía como la principal fractura del altiplano, una división histórica que, sin que sus protagonistas lo supieran, iba a convertirse en el acceso por el que se filtraría la conquista española.
Conquista de América Central
La caída de Tenochtitlan en 1521 resonó hasta las montañas mayas. Hernán Cortés, movido por un afán de expansión que superaba la mera conquista de la capital mexica, envió a Pedro de Alvarado, uno de sus capitanes más ambiciosos, para reclamar aquellas tierras de las que se decía que abundaban la riqueza, el maíz, el jade y el oro.
Dos mundos que no podían comprenderse
La confrontación en Guatemala supuso, ante todo, un choque de concepciones militares radicalmente diferentes. Los guerreros mayas dominaban el terreno: combatían mediante emboscadas y recurrían a trampas con estacas ocultas para frenar el avance de la caballería.
Los españoles trajeron consigo tecnología desconocida: acero, arcabuces, cañones, ballestas, caballos de guerra y perros de ataque. Su objetivo no era capturar prisioneros para sacrificios, sino aniquilar la resistencia para asegurar el control territorial.
A pesar del poderío tecnológico, la verdadera fuerza de los españoles residía en sus aliados nativos. Por cada soldado europeo marchaban decenas de guerreros tlaxcaltecas, cholultecas y mexicas. Así, la conquista fue en esencia una guerra mesoamericana reorientada por un pequeño grupo de extranjeros.
El avance de Alvarado y el derrumbe del Reino K’iche’ (1524)
Pedro de Alvarado inició su incursión en Soconusco a finales de 1523. El primer enfrentamiento relevante tuvo lugar en el río Samalá, dando inicio a una serie de batallas vertiginosas.
Zapotitlán – 8 de febrero de 1524
Tras cruzar el Samalá a pesar de la resistencia de los arqueros, la caballería española y los aliados indígenas tomaron el poblado de Zapotitlán por asalto. Aunque Alvarado fue herido, el avance continuó.
La Sierra Madre y Quetzaltenango – 12 de febrero en adelante
En el ascenso hacia Quetzaltenango, los k’iche’ organizaron emboscadas. Sin embargo, la inesperada aparición de la caballería desbarató sus líneas. En estos combates murió Tecún Umán, figura legendaria cuya caída supuso una ruptura espiritual para el ejército k’iche’.
Q’umarkaj, ciudad sagrada y fortificada, recibió a Alvarado en apariencia de paz. El conquistador, sospechando una trampa, ordenó la ejecución en la hoguera de los señores k’iche’ e incendió la ciudad, ocupando el vacío político mediante alianzas frágiles.
Iximché: alianzas útiles, rebeliones inevitables
Los kaqchikeles, enemigos de los k’iche’, vieron en Alvarado un aliado. En abril de 1524 le recibieron en Iximché, pero la colaboración apenas duró unos meses. La codicia española rompió el pacto cuando Alvarado exigió tributos desmesurados de oro.
Ante esto, los kaqchikeles se refugiaron en las montañas, iniciando una guerra de guerrillas que se prolongó casi seis años, transformando el altiplano en un escenario de emboscadas y resistencia extrema.
Más allá del altiplano: la expansión hacia otras tierras

- Tierras Bajas del Pacífico (1524): Sometimiento de los náhuas de Izcuintepeque y los xincas de Atiquipaque.
- Zaculeu y la resistencia Mam (1525): La fortaleza resistió un largo asedio dirigido por Gonzalo de Alvarado hasta que se agotaron los víveres.
- Los Cuchumatanes (1529–1530): Los pueblos ixil y uspanteco ofrecieron una resistencia feroz, siendo conquistados tras campañas brutales.
La Verapaz: la conquista sin espada (1537)

Fray Bartolomé de las Casas propuso evangelizar sin soldados en la "Tierra de Guerra". Se enviaron indígenas cristianos que, cantando himnos, comerciaban en la región. El método funcionó y la zona pasó a llamarse Verapaz ("Verdadera Paz").
El último reino: la caída de Nojpetén (1697)
El Reino Itzá del Petén permaneció independiente casi dos siglos. No fue hasta 1697, mediante un ataque anfibio planificado, cuando los españoles invadieron la isla de Nojpetén, simbolizando el fin de la conquista en Mesoamérica.
El orden colonial: sometimiento, fe y sincretismo
Se impusieron mecanismos como la Encomienda y el Repartimiento (trabajo forzoso). La Iglesia transformó el paisaje cultural, pero los mayas fusionaron sus creencias con símbolos cristianos, dando origen al sincretismo religioso actual.
Herencia de fuego y raíz
La conquista trajo epidemias y un nuevo orden racial, pero la cultura maya sobrevivió en el idioma, los tejidos y las ceremonias. Su legado late en cada valle del altiplano, recordando que, pese a la guerra, su raíz no fue destruida.