El tercer viaje de Colon-1498-1500
El tercer viaje – Un nuevo continente
El tercer viaje de Cristóbal Colón comenzó el 30 de mayo de 1498, cuando el Almirante partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda con seis navíos y una clara determinación: explorar nuevas tierras al sur de las Antillas y confirmar las teorías sobre la existencia de un continente desconocido al otro lado del Atlántico. Colón, aquejado por su artritis y problemas de visión, enfrentó el viaje con una mezcla de esperanza y presión, consciente de las expectativas de los Reyes Católicos.
Tras una breve escala en las Islas Canarias, Colón dividió la flota. Tres barcos fueron enviados a La Española con suministros para los colonos y su hermano Bartolomé. Con los otros tres navíos, el Almirante tomó rumbo al suroeste, adentrándose en aguas menos conocidas. La travesía fue desafiante, con una calma sofocante que detuvo la flota durante una semana en latitudes tropicales. Sin embargo, el 31 de julio de 1498, el joven grumete Alonso Pérez, desde el palo mayor, divisó tierra. Frente a ellos se alzaba una isla con tres cimas que Colón bautizó como Trinidad, en honor a la Santísima Trinidad.
El descubrimiento fue casi milagroso, ya que la flota estaba agotando sus reservas de agua dulce. Navegando por la costa sur de Trinidad, llegaron a Punta de Playa, donde pudieron reabastecerse en un río cercano. Sin saberlo, Colón contempló por primera vez el continente americano el 1 de agosto de 1498. Frente a la desembocadura del río Orinoco, en la actual Venezuela, creyó haber encontrado una isla más, a la que llamó Isla Santa.
Intrigado por la magnitud del caudal del Orinoco y las vastas extensiones de tierra firme, Colón comenzó a teorizar. En su imaginación, aquellas tierras podían ser el borde del Paraíso Terrenal, un lugar descrito en la Biblia como el Jardín del Edén. La exuberante vegetación, el clima agradable y la abundancia de agua dulce reforzaban esta creencia.
La exploración del Golfo de Paria fue tan desafiante como fascinante. Las corrientes fuertes y las mareas violentas en las bocas del golfo llevaron a Colón a nombrarlas Boca de la Sierpe y Boca del Dragón. Al adentrarse más en la región, la expedición encontró playas idílicas y estableció contacto con los nativos, quienes llevaban adornos de oro y perlas. Este hallazgo encendió las esperanzas de encontrar grandes riquezas para la Corona.
El 6 de agosto, Colón tomó posesión simbólica del continente americano en la región de Paria, aunque su delicada salud le impidió desembarcar. Su capitán Pedro de Terreros fue el encargado de realizar el acto oficial. En los días siguientes, navegaron por la costa occidental de Trinidad, maravillándose con la belleza del paisaje y las promesas de riqueza.
Sin embargo, Colón debía regresar a La Española. El 11 de agosto de 1498, tras sortear las turbulentas aguas de la Boca del Dragón, la flota se dirigió al norte. A pesar de las maravillas descubiertas, los desafíos en La Española esperaban al Almirante. A su llegada, el 20 de agosto, encontró una situación crítica: Francisco Roldán lideraba una rebelión contra la autoridad de Bartolomé Colón, mientras los colonos expresaban su descontento por las dificultades y la falta de riquezas prometidas.
Las tensiones llevaron a que los Reyes Católicos enviaran a Francisco de Bobadilla para investigar las acusaciones contra Colón y sus hermanos. En 1500, el Almirante fue arrestado y enviado a España encadenado, aunque posteriormente recobró la libertad. Este desafortunado desenlace marcó el ocaso de su prestigio, pero no disminuye la trascendencia del tercer viaje. Los descubrimientos de Trinidad, Venezuela y el Golfo de Paria ampliaron los horizontes del mundo conocido y sentaron las bases para futuras exploraciones en el continente americano.